martes, 22 de mayo de 2012

{ léa }


Al igual que las manzanas caen del árbol solo cuando están maduras, ella eligió cuándo
estaba lista para llegar.

En cuanto a mí, puede que no haya soñado nunca tan despierta... puede que nunca haya
querido tanto.

martes, 10 de abril de 2012

la espera


Mayo, florido y hermoso y mi corazón, a punto de tener una razón más por la que latir...


. . .

jueves, 29 de marzo de 2012

... un paseo jugoso y unas creamcheese chocolate muffins



Hoy, cuando salía de casa, he levantado la vista y me he topado con esta maravilla de estación que nos contagia.


Acto seguido, he mirado al suelo y me he dado cuenta de que nunca había estado tan bien acompañado. Si me agachaba y soplaba, se levantarían al aire miles de diminutos pétalos. Y si observaba a lo largo, toda la calle era un verdadero espectáculo de puntitos blancos colgados de las ramas.


Allí estaba yo de espectadora, espectadora afortunada por llevar la cámara en el bolso dispuesta a disparar unas cuantas decenas de fotos temprano en la mañana.


Creo que no me equivoco si afirmo que pasear puede ser agradable cualquier día y en cualquier momento, al igual que lo es comerse una muffin de chocolate.

Jugosas es la palabra. Es una receta más de muffins de chocolate pero éstas son especialmente blandas y jugosas, tal y como el día de hoy.


c r e a m c h e e s e   c h o c o l a t e   m u f f i n s   

- 200g de chocolate negro
- 200cl de nata líquida
- 200g de queso crema
- 100g de mantequilla ablandada
- 150g de harina de arroz integral
- 100g de azúcar
- 3 huevos
- 1 cucharadita de levadura

1. Precalentar el horno a 160ºC.
2. Derretir el chocolate en la nata líquida a fuego lento y retirar para dejar enfriar.
3. En otro recipiente mezclar la mantequilla y el azúcar hasta que sea una crema untuosa. A continuación añadir el queso crema y por último, los huevos uno a uno sin dejar de batir.
4. Una vez que el chocolate está frío, añadir a la mezcla de mantequilla, azúcar, queso y huevos y seguir batiendo.
5. Finalmente incorporar la harina y la levadura poco a poco y con movimientos envolventes.
6. Rellenar moldes de muffins con la masa resultante.
7. Hornear durante 25-30 minutos o hasta que comprobemos que la superficie está cocida.
8. Dejar enfriar sobre una rejilla.

sábado, 24 de marzo de 2012

Evadirse y concentrarse... pan de teff y sarraceno

Es imposible no asistir a la explosión de la primavera, todos hablamos de ella el día en que nos damos cuenta que la rama del árbol que vemos desde la ventana ha florecido. Ese día, de repente hay más luz, el sol da más calor y el café de la esquina instala su terraza sobre la acera. Apetece evadirse y pasear.


Cada rincón está maravillosamente decorado e imaginado para alegrar, dar color, para transmitir energía y vida. A nadie se le escapa esta estación del año.














Las aldeas, el campo y, en ellas, el pan de pueblo, mi obsesión y mi reto de todas las semanas. Unas veces mejor, otras peor, sigo probando harinas diferentes, cantidades, ingredientes, tiempos... La perfección sin gluten en el pan es complicada y aún no he encontrado la receta estrella para hacer un pan sin gluten lo más natural posible y con la consistencia y sabor deseados. Me voy a tachar de demasiado perfeccionista pero eso es lo que me hace pelear cada semana para mejorar o al menos intentarlo.


En esta ocasión he optado por la harina de teff y de sarraceno con una base de harina de arroz. El teff es un cereal procedente de Etiopía en vías de estudio y pruebas en cultivos y cocina sin gluten. Me alegra saber que las opciones aumentan, eso nos permite tratar de conseguir una calidad de pan lo más parecido al obtenido del trigo. A pesar de que este es un pan con una miga menos abierta y de color oscuro, más parecido a la consistencia del pan integral, aún no he conseguido los resultados que me he exigido. No obstante, van por el buen camino y espero poder presentar una receta mejorada pronto.


Mientras sigo investigando la receta perfecta, os dejo ésta que, para empezar, no está nada mal.

p a n   d e   t e f f   y   s a r r a c e n o


- 350g de harina de arroz
- 100g de harina de teff
- 50g de harina de trigo sarraceno
- 350 ml de agua tibia
- 3 cucharadas de aceite de oliva
- un sobre de levadura seca
- una pizca de sal
- una pizca de azúcar

1. Mezclar las harinas en un bol grande.
2. En un vaso, dejar reposar la medida de agua con el sobre de levadura unos 10-15 minutos.
3. Si se dispone de un mixer eléctrico, poner a velocidad media y comenzar a mezclar las harinas con el agua y la levadura poco a poco sino, amasar de forma manual.
4. Añadir el aceite, la sal y el azúcar y seguir mezclando hasta que la masa no quede demasiado seca ni se pegue a las manos. Puede ser que la mezcla necesite más harina porque esté demasiado húmeda pero si no hace falta, no añadir más, de esta forma se obtendrá una masa más ligera y con más aire.
5. Hacer la forma de la hogaza y colocar en la bandeja de horno envuelta en una tela o paño húmedo al lado de una fuente de calor suave. Dejar reposar durante un par de horas hasta que doble su volumen.
6. En horno precalentado a 190ºC, cocer el pan junto a un recipiente con un poco de agua para mantener la humedad durante aproximadamente media hora o hasta que su superficie se dore.
7. Sacar del horno y dejar enfriar envuelto en un paño antes de cortar en rebanadas. Si no se consume en el día, mejor congelar o, de lo contrario, se seca enseguida.

jueves, 15 de marzo de 2012

La sonrisa de mamá... la primavera y unas rosquillas

Una sonrisa, la primavera... Comienzan los días menos encapotados, más agradecidos. Las flores crecen con más fuerza, vigor y color; los días son más largos, ya está llegando...


Con ella, mi madre ha llegado hace una semana. Las mañanas y las tardes se me hacen menos largas: paseamos, charlamos, tomamos café con tarta y freímos unas rosquillas. Le encanta hacer rosquillas.

El tiempo con ella es muy preciado, estamos lejos y nos echamos de menos. Compartimos demasiado y si no nos vemos, nos intuimos, nos predecimos y tenemos un sexto sentido la una sobre la otra. Quizás es nuestra manera de protegernos cuando hay distancia de por medio.


Las rosquillas han sido tradición de mi abuela toda la vida y ella ha sabido transmitírselo a sus hijas. Ahora cambian los papeles y es mi madre quien las hace conmigo y yo quien no se atreve a hacerlas sin ella. Es una gran aficionada a la repostería, siempre lo ha sido. Ahora aprovecha la facilidad de encontrar recetas distintas. Va probando y los demás vamos evaluando. 

Sin ir más lejos, ésta es una receta de las monjas Clarisas adaptada para una receta sin gluten.


r o s q u i l l a s   d e   n a t a  

- 400g de harina sin gluten (más la que admita para amasar)
- 125g de azúcar
- 125g de nata 
- 75g de anís o de licor de limón
- 2 huevos
- 1 sobre de levadura en polvo
- ralladura de limón
- una pizca de sal
- azúcar glace para espolvorear

1. Batir los huevos con el azúcar y la nata.
2. Añadir el anís o licor de limón y la ralladura de limón.
3. Tamizar la harina con la levadura y la sal.
4. Incorporar poco a poco la harina a la mezcla líquida e ir amasando hasta que la masa no se pegue a las manos. Si se necesita más harina, añadir pero no demasiada para que la masa no quede seca y se rompa al hacer la forma.
5. Dar forma a las rosquillas y poner a calentar aceite de girasol en una sarten honda.
6. Freír las rosquillas en aceite no demasiado caliente para que se cuezan bien por dentro. Al ir sacándolas, hacerlo con cuidado y utilizando una espumadera porque las masas de harinas sin gluten se rompen con más facilidad.
7. Una vez fritas y retiradas a una fuente, dejar enfriar y espolvorear con azúcar glace por encima si se desea.

miércoles, 7 de marzo de 2012

{petit déjeneur}

A veces el desayuno se convierte en mucho más que cualquier comida del día y eternizarlo entre las páginas de un libro, es una manera de empezar bien la mañana.


Los desayunos variados son los que no aburren, con los que se sueña despierta cuando los ojos se abren por la mañana, son los que una no se saltaría por nada del mundo.


No siempre se dispone del mismo tiempo pero cuando hay suficiente, merece la pena "perderlo" en el desayuno. Tampoco hace falta ser muy ocurrente, las cosas más apetitosas pueden ser las más sencillas.


{Feliz mañana}

martes, 28 de febrero de 2012

La playa y el invierno, taboulé y crumble

Las playas del norte en invierno son tranquilas y reservan la intimidad de cada uno con su aire fresco, con su soledad y sin aglomeraciones. Por eso me gustan.


Ver el mar, respirar, cerrar los ojos... respirar, abrir los ojos y ver el mar.


Buscábamos una estela de sol, aunque fuera solo una, después de tantos días de lluvia y gris. Dicho y hecho, a tan solo unos kilómetros, en otro país y en una playa que queríamos conocer desde hace algún tiempo. 


Rompimos la monotonía y alimentamos nuestros deseos con un picnic delicioso al lado del mar. Un taboulé de quinoa que siempre aprovecho a cocinar por ser sin gluten y en sustitución del maravilloso couscous, en este caso con salmón.


Como postre había preparado un crumble para una comida con amigos y no lo dudé, siempre es un final perfecto. Me encanta variar las recetas del crumble y no me lo pensé dos veces cuando vi que tenía peras. Cada vez que veo peras y pienso en un postre, no puedo evitar pensar también en chocolate.


De vez en cuando hay que sacar tiempo para satisfacer nuestros anhelos, son bálsamos de sosiego y de paz interior magníficos y necesarios.


t a b o u l é   d e   q u i n o a   y   s a l m ó n

- 200g de quinoa blanca
- 1 cebolla grande
- 3 dientes de ajo
- 2 zanahorias
-  ½ pimiento verde
- ¼ de calabacín
- 100 g de salmón ahumado
- ½ copa de vino
- Aceite de oliva
- Vinagre
- Sal
- Pimienta negra
- Perejil / cebollino
- Col roja y col rizada para decorar

1. Lavar la quinoa y ponerla a hervir con una vez su volumen de agua y una pizca de sal.
2. Picar las verduras y el salmón muy pequeño.
3. Pasados 15 minutos, el agua se habrá absorbido y los granos de quinoa se reservarán.
4. Poner a calentar una sartén con aceite de oliva y rehogar cebolla y verduras a fuego lento. Cuando la cebolla comience a hacerse volviéndose más transparente, añadir la media copa de vino y esperar a que se evapore y quede todo el aroma concentrado en las verduras. Echar una gotita de vinagre.
5. Incorporar el salmón y dejar hacerse unos minutos.
6. Por último, añadir la quinoa que habíamos reservado y mezclar bien con todas las verduras y el salmón.
7. Salpimentar y poner perejil/cebollino al gusto.
8. Cortar en juliana unas hojas de col roja y rizada lavadas y decorar.
9. Este plato se puede servir templado o frío.

c r u m b l e   d e   p e r a s   y   c h o c o l a t e

- 4 peras grandes
- 175 g de azúcar 
- 100 g de fécula de maíz
- 25 g de harina de castaña (en caso de no tenerla, utilizar toda la cantidad de fécula de maíz
- 100 g de mantequilla
- 100 g de chocolate
- vainilla en polvo

1. Pelar las peras, cortarlas en dados y ponerlas en un bol junto a unas gotas de limón (para que no se oxiden) y con 75 g de azúcar. Reservar
2. Cortar el chocolate en trozos pequeños.
3. En un bol grande mezclar las harinas, la mantequilla en dados, la vainilla en polvo y el azúcar con los dedos haciendo migas. Refrigerar media hora.
4. Engrasar un recipiente para horno y precalentar el horno a 180ºC.
5. Colocar las peras en el fondo del recipiente junto con algo del chocolate troceado. Sacar las migas del frigorífico, añadir el chocolate restante y espolvorear por encima de las peras.
6. Hornear durante 45 minutos.
7. Servir tibio o frío.

jueves, 23 de febrero de 2012

Marbrés vanille-chocolat

Creo que la primera vez que oí hablar de este bizcocho fue cuando acogimos en casa a una chica francesa de intercambio hace ya unos cuantos años. De aquella ya me interesaba por las recetas pero muchísimo más aún por cualquier postre que, en su nombre y como ingrediente, llevase chocolate.


En su día me gustó tanto que le pedí que me escribiese la receta. Recuerdo haberla visto merodeando entre mil notas sueltas de recetas de mi madre pero a sabiendas de las pocas posibilidades de encontrarla sana y salva después de tantos años, decidí probar suerte con la de Martha Stewart y hacer pequeños marbrés para darme un capricho cada tarde en la merienda.


Quizás algún otro día, cuando no la busque, lograré encontrar aquella receta y podré repetirlo una vez más tal y como ella lo hacía y así, recordar viejos tiempos.


m a r b r é s   v a n i l l e   c h o c o l a t


- 1/2 taza de mantequilla a temperatura ambiente
- 1 3/4 tazas de harina de arroz
- 2 cucharaditas de levadura en polvo
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 taza de azúcar
- 3 huevos grandes a temperatura ambiente
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 2/3 taza de buttermilk a temperatura ambiente
- 1/4 taza de cacao en polvo

1. Precalentar el horno a 180ºC y engrasar los moldes con mantequilla. Reservar.
2. Mezclar la harina, la levadura y la sal y reservar.
3. Con la ayuda de un batidor eléctrico, batir la mantequilla con el azúcar hasta que se quede cremoso. Ir añadiendo los huevos uno a uno y batiendo después de cada adición. Incorporar el extracto de vainilla.
4. Añadir la harina, alternando con la buttermilk, en dos tiempos empezando y terminando con la harina. Reservar un tercio de esta masa.
5. En otro bol, mezclar el cacao con 1/4 taza de agua caliente y remover con una espátula hasta que se deshaga todo el cacao en el agua. Añadir este cacao al tercio de masa que habíamos reservado y mezclar hasta que quede una masa homogénea.
6. Verter las masas en los moldes alternando ambos colores de vainilla y chocolate. Para crear el marbré solo se necesita un cuchillo que se pasará de un lado al otro del molde hundiéndolo en la masa y haciendo movimientos en zig-zag.
7. Hornear aproximadamente media hora. En caso de hacer toda la masa en un molde grande, hornear de 40 a 50 minutos o hasta que comprobemos que la masa esté cocida. Dejar enfriar 10 minutos y desmoldar. Mejor conservarlo en un recipiente cerrado para que no se seque.

domingo, 19 de febrero de 2012

Un domingo cualquiera al fin y al cabo

No sé si algún día me podré separar de esta ventana pero lo más probable, si logro separarme, es que buscaré otra igual.

Hoy es mágica, como el tiempo: a través de ella veo sol de pre-primavera, al minuto copos de nieve, al par de minutos viento y al final lluvia. Supongo que no es un domingo cualquiera o es otro de muchos.

Esta mañana, a la hora de desayunar, me he topado con una maravillosa caja de clementinas de España y he podido terminar de matizar una receta que había leído en el magazine de Elle à table.

El arroz con leche es todo un clásico al que no le hacen falta variaciones, aunque bien es cierto que admite muchas... et voilà, una de ellas es la tapioca con leche de coco. Mi adaptación de la receta corre a cargo de la magnífica caja de clementinas de la que os hablaba.


Este era el toque especial, el de unas clementinas que huelen en la piel de las manos casi sin apenas tocarlas, perfectas entonces para aromatizar con su piel la leche de coco a fuego muy lento.


Por otra parte, la tapioca es el almidón extraído de la yuca. Su composición hace que se formen unas bolitas gelatinosas que le dan una consistencia espesa y suave a la vez, lo que la hace mucho más ligera para la digestión.


t a p i o c a   c o n   l e c h e   d e   c o c o   a r o m a t i z a d a   a   l a   c l e m e n t i n a


-1/2 taza de tapioca
- 375 ml de leche
- 250 ml de leche de coco 
- 2 cucharadas de azúcar en polvo
- piel de dos mandarinas (eliminando la capa blanca) y unos gajos para decorar

1. Cocer la tapioca durante 5 minutos en agua que ya esté hirviendo. Cuidar que no se pegue al fondo y una vez cocida, pasarla por un colador para eliminar el líquido sobrante.
2. En una olla, mezclar la leche, la leche de coco y el azúcar y ponerla a fuego lento con las pieles de la mandarina.
3. Una vez notemos que la mandarina ha infusionado bien en la leche hirviendo, retirar y añadir la tapioca cocida.
4. Dejar hervir todo durante 10-12 minutos a fuego muy suave hasta que la tapioca esté transparente por completo y haya espesado el líquido.
5. Verter en recipientes y dejar enfriar. Una vez templada, meter en el frigorífico hasta consumir.
6. Decorar con un par de gajos de mandarina si se desea.

lunes, 13 de febrero de 2012

A mi ritmo

Una semana más y todo va poniéndose en su lugar. Poco a poco y pasito a pasito se va andando el camino.

Intentamos resguardarnos del frío organizando comidas con amigos y planes caseros. La cocina vuelve a envolverme y me hace feliz. A pesar de muchas otras cosas, vuelvo a encontrar mi sitio y las nuevas paredes ya  se me hacen menos extrañas y más cercanas.

Con motivo de un cumpleaños y sin mucho tiempo para pensar en la receta ni muchos recursos en el momento, me decidí por un sencillo bizcocho de base acompañado de frutas de colores llamativos que resaltasen sobre el blanco de los días y de la nieve y éste fue el resultado.


Las frambuesas siempre están en mi pensamiento y en muchas de mis recetas sea la temporada que sea, sea el acontecimiento que sea, sean los ingredientes que sean.


Con ella celebro también la entrada de Más allá de 365 sonrisas en facebook. Poco a poco intentaré seguiros de forma pública a través de la red social, al igual que vosotros podéis seguirme a mí desde aquí.



c a k e   a l m i b a r a d o   d e   m e l o c o t o n e s   y   f r a m b u e s a s

- 150 g de harina de arroz blanco
- 150 g de azúcar
- 2 huevos
- 40 g de mantequilla a temperatura ambiente
- una cucharadita de levadura en polvo
- ralladura de medio limón
- una lata de melocotones en almíbar
- cinco o seis fambuesas
- vainilla en polvo para decorar.

1. Precalentar el horno a 180ºC.
2, Batir el azúcar y los huevos hasta conseguir una pasta cremosa.
3. Añadir la mantequilla ablandada y seguir batiendo.
4. Incorporar la ralladura de medio limón y acto seguido la harina y la levadura tamizadas y poco a poco con movimientos envolventes para meterle aire a la masa.
5. Engrasar un molde pequeño y verter la masa en él.
6. Hornear durante 20 minutos o hasta que se dore su superficie. Sacar del horno y dejar enfriar.
7. Como el bizcocho habrá subido, cortar la capa redondeada de la superficie para que ésta quede lisa y podamos decorar. Con un tenedor pinchar la superficie para aprovechar unas cucharadas de almíbar y mojar el bizcocho.
8. Cortar las mitades de melocotón en tres trocitos cada una sin que pierdan su forma similar la luna e ir decorando el cake por los extremos en forma de círculo. En el medio quedará un círculo pequeño vacío que rellenaremos con las frambuesas.
9. Finalmente y con el almíbar sobrante, pintar las frutas para que quede un aspecto brillante. Espolvorear la vainilla en polvo por encima.


sábado, 4 de febrero de 2012

Los aromas de una casa nueva

Estoy tras el cristal de una gran ventana intentando escribir sobre sensaciones que no puedo explicar. No es que la inspiración se me haya congelado como el alfeizar de la ventana, la nieve de las aceras o el perro con el pelaje encrespado que camina abatido por el parque. El ambiente ya es otro, como otra es la casa y otras son las circunstancias. 


Ha nevado y la temperatura se ha vuelto difícil de soportar. Entretanto, estos días han sido agotadores y el respiro solo ha llegado con los copos de nieve que nos han dejado encerrados entre las cuatro paredes de nuestro nuevo salón donde la cocina, los libros y un poco de ópera se han convertido en una especie de refugio estupendo con vistas a una calle nueva y maravillosa.


Cuando me voy de una casa siempre dejo algo de mí en ella y algo de ella se viene conmigo. Son como retales de historias entrelazadas que van hilando la vida de una o más personas. Las nuevas casas son también nuevos retos y nuevas historias... también alguna nueva vida. 


En este caso, el cambio no es olvido si, como leía esta tarde en un libro: "el olvido es un océano en el que flotan las islas de la memoria y, dentro de ese océano, hay corrientes, remolinos y profundidades. A veces emergen bancos de arena que se incorporan a las islas; otras, simplemente desaparecen". 


La llegada a una nueva casa es difícil al principio. Los espacios son fríos e impersonales. Sin embargo, poner en marcha el horno ayuda a impregnar nuevos olores en cada rincón que hacen a uno sentirse más cómodo. Manzana, avellana y canela fueron sin duda mi apuesta más segura para que junto a una taza, tanto el frío de fuera, como el de dentro, fueran menos fríos.


b i z c o c h o   t i b i o   d e   m a n z a n a   y   f r u t o s   s e c o s

- 115 g de mantequilla ablandada
- 110 g de azúcar moreno
- 2 huevos grandes
- 55 g de avellanas, almendras, nueces y piñones troceados
- 70 g de harina de arroz integral
- 45 g de fécula de maíz
- media manzana rallada
- media manzana para decorar
- una cucharadita de canela
- una cucharadita de levadura en polvo

1. Precalentar el horno a 190ºC.
2. Batir la mantequilla y el azúcar hasta que quede cremoso.
3. Incorporar los huevos uno a uno sin dejar de batir.
4. Añadir las harinas con la levadura y la canela, la manzana y los frutos secos poco a poco y mezclando bien.
5. Engrasar un molde y verter la masa en él.
6. Cortar finamente la manzana y decorar con ella la superficie del bizcocho.
8. Espolvorear un poco de azúcar por encima.
9. Hornear durante 25 minutos.
10. Dejar enfriar y desmoldar.

lunes, 16 de enero de 2012

Los primeros coletazos fuertes del invierno y los últimos del turrón

El invierno comienza a dar sus coletazos más fuertes: el viento ya congela la cara y los pensamientos, aunque otras veces los aviva como si fueran bofetadas que despiertan.


De vuelta de las Navidades y con muchas cosas por hacer en los siguientes meses, es hora de coger impulso y mirar hacia arriba porque hacia abajo los pies se quedan fríos y la actividad se muere.

En la cocina aún hay turrón, la última tableta que siempre sobra después de las fiestas. Abierta, ya no se disfruta igual así que la idea es poder aprovecharla disfrazada en algún postre.


Esta crema de turrón, chocolate y mascarpone de naranja es untuosa y se deja comer fácilmente a cucharadas. Su elaboración es muy sencilla y se sirve directamente del frigorífico así conserva su consistencia en las tres capas.



c r e m a   d e   t u r r ó n ,   c h o c o l a t e   y   m a s c a r p o n e   d e   n a ra n j a

- 500 ml de nata líquida
- 1 tableta de turrón blando sin gluten
- 200 g de chocolate negro
- 500 g de mascarpone
- nueces troceadas para decorar
- frambuesas para decorar

Para el almíbar de naranja
- 1 naranja bien lavada y cortada en láminas
- 135 g de azúcar
- 65 g de agua

1. Se elabora el almíbar lavando bien la naranja y cortándola en láminas sin pelarla. Se pone a calentar el agua y el azúcar con la naranja a fuego bajo y durante al 45-60 minutos o hasta comprobar que la naranja está hecha y el líquido se ha quedado espeso. Dejar enfriar el almíbar y guardar o congelar las láminas de naranja para aprovechar en otras preparaciones.
2. Mezclar el turrón blando troceado y 300 ml de nata líquida con ayuda de una batidora. Si quedase demasiado espeso, añadir más nata. Reservar.
3. Poner a calentar 200g de chocolate negro con 200 ml de nata líquida hasta que el chocolate se derrita y se quede bien ligado a la nata. Reservar.
4. Una vez frío el almíbar, batir junto a los 500g de mascarpone. Reservar.
5. Cuando las tres mezclas estén preparadas por separado, comenzar a montar los vasos. Primero rellenar un cuarto del vaso con la crema de turrón, seguidamente con el chocolate y por último con el mascarpone de naranja.
6. Decorar con algunas nueces troceadas y un par de frambuesas.
7. Meter en la nevera hasta la hora de servir. Adquiere mejor consistencia si reposa doce horas en el frigorífico.